Silvina Giaganti: “Creo en escribir, el resto es humo”

La autora dialogó con Revista Pasajes durante su paso por París y no dejó tema de lado. De la literatura del yo, a la cancelación, pasando por la corrección de sus textos y la elección de sus lecturas. “Creo en escribir lo que puedo y no lo que quiero”, dice Giaganti, y detalla: “La crudeza es un artificio, un ejercicio estilístico”.

Por Marcelo Maccio

Cuando en 2018 publicó su primer poemario Tarda en Apagarse (Caleta Olivia), Silvina Giaganti no imaginó la repercusión que tendría. Sin embargo, su libro tuvo buena recepción en la crítica, en los lectores, en el círculo literario, que recomendaba una y otra vez sus poemas. “Al tiempo que se publicó empecé a sentir algo de eso, como una especie de intensidad. Fui un poco consciente, creo que es algo bastante halagador, no obstante es difícil que no venga con la contraparte de los detractores que es como el lado B de cuando algo es muy recomendado”, cuenta sentada en un banco del Jardin des Tuileries.

“Es un libro que me consta que fue recomendado con intensidad. Hace unos meses una chica me dijo que lo compró para ella una vez y para regalar cinco veces, y no fue esa sola persona, me he topado con mucha gente que ha comprado el libro y lo regaló, y es algo que me llama la atención”, agrega Giaganti.

¿Por qué? ¿No es un libro que vos regalarías?

Yo a mis autores los profeso, si entiendo que a la otra persona le va a gustar también, no le voy a regalar a alguien un libro por simple egoísmo de lectura, pero digo puedo regalar una vez, pero pensar que se lo puedo regalar a cinco personas, que a las cinco les puede gustar, eso me ha sorprendido.

En los poemas de Tarda en Apagarse se ve una honestidad que también está presente en otros textos que han circulado por blogs o distintos medios. ¿Cuánto te interpela el debate sobre la literatura del yo, a la que vos llamas también autoficción? ¿Te parece algo valioso o es egocentrismo del autor creer que hablar de uno es importante?

El debate sobre la literatura del yo, la autoficción o escribir desde une misme es un tema que a muchos escritores o gente que orbita alrededor de la literatura, al menos en Buenos Aires, la interpela: para ensalzarla, destruirla, para decir que eso es lo que lee, o lo que no lee, o para decir que hay literatura de calidad dentro de la literatura del yo, pero también que hay cosas que no son de calidad. Hay un constante picanteo alrededor de la literatura del yo que me parece que carga con demandas que, a una literatura que no sea del yo, si es que eso existe (¿existe la literatura que no sea del yo, pregunto?) carga con demandas externas de tener que justificar su existencia. Es decir, que tiene que ser buena, ¿bajo qué criterios?

Yo estudié filosofía, no estudié letras, pero he leído mayormente narrativa, poesía y ensayos, por supuesto, y la verdad que me parece anacrónico sostener que existen criterios objetivos de calidad para referirse a la literatura. Eso no significa que no se pueda hacer crítica literaria, que por supuesto se puede hacer, pero los criterios de calidad que se le adjudican a la literatura del yo no veo que se le adjudiquen a la literatura que no sea del yo.
Por otro lado, me parece un poco anacrónico adjudicar a los últimos años la emergencia de la literatura del yo. Hace poco leía un estudio crítico de Safo, poeta del s. VII a. C., y Safo hace una operación que consiste en tomar los mitos básicos griegos y trasladarlos a una dimensión personal; es decir, podría adjudicarse hacer literatura del yo en el s. VII a. C.. Si el debate es por lo que ocurre en los últimos veinte años en los estantes de la literatura, de las librerías, me parece que la literatura del yo antecede a este debate, que además se quiere mostrar contemporáneo pero no lo es.

Lo que creo, cada vez estoy más grande (puede sonar que no quiero dar batallas teóricas), pero creo en escribir. Y creo que los resultados se nos escapan. Y creo en escribir lo que puedo y no lo que quiero. Creo que el resto es humo, se trata de escribir. Yo me hago cargo de que hago literatura del yo. En toda escritura hay una mediación, del lenguaje, del pensamiento. La vida no es literatura, la experiencia no es escritura, cuando hay una mediación que significa que el yo está corrido y las experiencias del yo están corridas.

Otro debate es el de la cancelación, ¿te interesa?

Pienso en mi biblioteca. Yo no leo por afecto a alguien. Dicho esto, la respuesta se realiza diciendo que yo no leo por amor, no leo a la gente porque la quiero, leo a la gente que quiero. Pienso en los resultados de la cancelación, porque la cancelación es un proceso, y pienso que los resultados se van a ver en un tiempo, y creo que no tiene sentido. No tiene sentido unir autor y obra, no tiene sentido porque además todo el tiempo va a haber a lo largo de la historia reinterpretaciones. La construcción de una reputación varía, ¿entonces la cancelación sobre qué se ejercería? ¿sobre un momento particular? Me parece un poco banal.

El debate del yo es anacrónico, el de la cancelación es banal. ¿Estamos analizando las obras con elementos que no son los correctos?

Hay muchos elementos. Un personaje que trasciende, que va cabalgando los tiempos, es mirado y reinterpretado a la luz de diferentes personas que lo aborden, por lo tanto esa mirada de ese personaje histórico o escritor o artista va a ir variando, entonces el momento de la cancelación es particular, y me parece peligroso porque no atiende a que es una mirada parcial, temporalmente parcial. Yo no leo a la gente porque la quiero, me traes un libro porque sos mi amiga y no sé si lo voy a leer porque sos mi amiga, por el aprecio, lo voy a leer por circunstancias equis. A veces me compro libros y demoro 10 años en leerlos. Leo más porque hay una intuición de que ese libro es para ese momento de mi vida. A veces la pego y a veces no.

Elegir los libros siguiendo una intuición sobre si es o no el momento de leerlo es, cuanto menos, difícil…

Por supuesto, es difícil. Pero hay libros que me llegaron en el momento justo y hay libros que he desestimado y los agarré tiempo después porque me acordé que trataban de un tema que en ese otro momento me estaba interpelando. Trato de que el juicio sobre alguien no me nuble. Hay otro tema con la cancelación, un fenómeno bastante determinante para esta ejecución que tiene que ver con cuando yo cancelo a alguien lo cancelo porque intento posicionarme en un lugar del bien, y si es por eso me parece un poco manipulador.

O triste.

También triste, que en realidad la motivación para cancelar a alguien sea para posicionarme yo, para ponerme en un pedestal… no termino de entender si el mundo de la cancelación, escrache o acusaciones públicas no tienen que ver con que quienes la ejecutan no están intentando posicionarse en un lugar de privilegio, para sacar algo.

Narrativa, fútbol, familia y corrección

El más reciente libro de Giaganti es Donde brilla el tibio sol (Mansalva, 2022) que marcó además el cambio de género para la autora. “Escribir Tarda en apagarse fue un proceso larguísimo, porque no sabía a dónde iba. Había terminado la carrera de filosofía, y la carrera de filosofía borra el yo, una tiene que hacer una enunciación universal y objetiva, en eso consiste, hay una subjetividad que debe ocultarse. Entonces cuando vuelvo a escribir vuelvo con una voracidad por encontrarme conmigo misma, entonces Tarda en Apagarse es un proceso de depuración, trabajo. A veces me dicen que es un libro espontáneo, y no.

O quizás la espontaneidad necesita de muchísimo trabajo, de mirar qué estás escribiendo y de corregirlo mil veces. Vos me decías los poemas sin remate, y yo trabajo para que los poemas no tengan remate, moraleja, cierre. Que queden abiertos, que es una aspiración que a veces sale y a veces no”, explica la autora en la charla con Revista Pasajes.

¿Cómo fue la decisión de cambiar de género? ¿Viene de la mano de la elección del tema del libro?

Con el entusiasmo de Tarda en Apagarse dije bueno, dejo de escribir poesía por unos años. ¿cambié de género por eso? No. Pero siempre fui híbrida para escribir. Los géneros no son mi fuerte, yo escribo. Pero me pareció prudente poner en una heladera lo que venía escribiendo a nivel poema y tratar de escribir de otra forma. Y el fútbol siempre me interpeló, la caja negra que es la familia siempre me interpeló. En Tarda en apagarse la abordé de un modo contenido y en Donde brilla el tibio sol lo abordo de un modo mucho más generoso. El cambio de género estuvo bueno. Donde brilla el tibio sol alguna gente lo compró porque había leído Tarda… y le había gustado. Creo que también que la temática fútbol, mujeres, disidencias, barrios, suburbios, una mujer hablando de fútbol era algo que estaba necesitando o quizás quería leer, y en Tarda… esa temática no aparece.

La temática es el fútbol, pero dijiste también que los mejores libros de fútbol son los que no hablan de fútbol. ¿Cómo decidís hasta dónde hablar de fútbol, o hasta dónde involucrar a la familia, o hasta dónde el yo de la literatura puede entrar y hasta dónde no?

Probando y releyéndome. Y sabiendo que, en última instancia, aunque el libro lo haya trabajado con personas o dado a leer, el último criterio me pertenece, la última decisión sobre hasta dónde y cómo me pertenece, por lo tanto los riesgos me corresponden a mí. La crudeza o cómo encontrar las metáforas básicas de lo que es la vida o lo que es una experiencia fuerte es un trabajo que no hay que dejárselo a la espontaneidad o a lo genuino. La crudeza es un artificio, al contrario de lo que la gente cree, es un ejercicio estilístico.

En ese camino, ¿corregís muchos los textos?

Recontra, enferma, me quedo ciega. No soy de esas personas que dicen “el libro se termina cuando lo entregas”, yo soy retentiva, muy detallista, es un lugar donde pongo mi energía de una manera, para mí, porque quiero que salga bien. Me gusta que el libro no contenga nada que yo después pueda leer publicado y me arrepienta.

No te pasó de tener dudas sobre algo que publicaste…

Me hicieron un comentario que me gustó, no voy a mentirte. Me dijeron que en mis libros no hay una palabra de más ni una de menos. Y hay una búsqueda de eso. Si bien hay digresión, movimientos, me gusta que no falten ni sobren palabras. Me gusta esa descripción de mi manera de escribir porque es lo que busco.

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