Benjamin Labatut: el sueño de la razón produce monstruos      

Labatut libro

Una reseña literaria

Por Borja Rivero

No es fácil escribir sobre el autor chileno de Un verdor terrible (2020) y MANIAC (2023) porque nos encontramos ante uno de los últimos fenómenos literarios. Como todo fenómeno, ha atraído la atención de muchos, y si bien no todas las opiniones son favorables, se trata de uno de esos raros casos en que es muy bien acogido tanto por la crítica como por el público.

Los temas tratados también sorprenden, en ambos libros Labatut se adentra en los avances y descubrimientos de la física y la matemática del siglo XX, pero lo sorprendente no es tanto esta elección, sino que los lectores hayan respondido de manera tan entusiasta a algo por lo general considerado poco atractivo.

Un verdor terrible

Cabe subrayar que Un verdor terrible no es una novela, se trata de narraciones más o menos enlazadas, basadas en hechos y personas reales como Fritz Haber, padre de la guerra química, de cuyos horribles inventos nunca se arrepintió, aunque sí lo hizo del proceso que le valió el Nobel de Química en 1918, gracias al cual pudo extraer nitrógeno del aire, y por tanto crear fertilizantes que permitieron una producción de alimentos a una escala nunca vista. Otros de los personajes son los matemáticos Alexander Grothendieck y Shinichi Mochizuki, así como los físicos Karl Schwarzschild, Erwin Schrödinger, Werner Heisenberg y Louis de Broglie, padres de la física cuántica.

A pesar de partir de lo real, Un verdor terrible no es sólo un libro de divulgación, pero sí es uno de sus grandes atractivos, ya que Labatut sabe explicar con bastante sencillez unos descubrimientos complejos de entender; no obstante, la ficción no está ausente: decora, exagera algunas anécdotas y, sobre todo, ayuda a reconstruir partes ausentes para crear un verdadero discurso narrativo en cada una de las historias que cuenta.

Un verdor terrible supuso el espaldarazo que esperaba el autor, fue finalista del prestigioso Booker Prize, y del National Book Award en los EE. UU. en 2021; además, en julio de ese mismo año, el expresidente de los EE. UU. Barack Obama lo incluyó entre sus lecturas del verano. Quizá hoy, más que el prestigio de los premios sea la recomendación de una persona pública como el expresidente, lo que dé a un libro el empuje necesario para que sea un éxito de ventas. Es lícito preguntarse qué hubiera pasado de no haber ocurrido. Un libro como éste, de un autor casi desconocido, ¿habría sobresalido entre la marea editorial? Imposible saberlo.

MANIAC

En MANIAC, a pesar de ser muy continuista con Un verdor terrible, el lector podrá percibir una evolución formal: es un libro más literario que el primero, con más recursos de la ficción, y que juega con narradores y puntos de vista, incide más en las descripciones o consideraciones, e incluso se permite alguna licencia poética cercana a la floritura. Por otro lado, reduce la cantidad de sujetos en los que se centra.

Comienza narrando los últimos momentos de la vida de Paul Ehnrenfest, físico austríaco e íntimo amigo de Einstein, que asesinó a su propio hijo antes de suicidarse horrorizado por el alzamiento nazi y el surgimiento de la física cuántica, cuya teoría le parecía aberrante por abandonar el mundo a un aparente caos. Esta parte sirve de unión entre Un verdor terrible y MANIAC, se parece esencialmente al primer libro por tono y trato formal, y describe el cambio de paradigma, el paso de un mundo a otro.

Ese otro mundo se refleja en la figura de John von Neumann, matemático austrohúngaro-estadounidense, cuyos cálculos se encuentran tras la física cuántica, la teoría de juegos, el desarrollo de la bomba atómica, las ciencias de la computación o la cibernética, entre otros. Fue Von Neumann quien creó la arquitectura computacional del primer ordenador moderno, el MANIAC, arquitectura que sigue siendo la base de la tecnología actual. Esta parte es la más extensa del libro, Labatut se vuelve aquí más literario al contar la vida del matemático a través de los testimonios de varios familiares, amigos y colegas profesionales, creando un caleidoscopio de visiones para acercarse de la manera más imparcial posible a un personaje muy complejo.

Aunque resulta interesante el recurso de múltiples personajes narrando partes de la vida de Von Neumann, Labatut no consigue una marcada diferencia entre ellas, al menos no entre todas, terminan por confundirse y no aportar casi nada. Esto provoca que sea más evidente el artificio literario, similar a un mago que muestra sin querer las cartas al hacer su truco; el efecto es inmediato, pues avisa al lector del juego, haciendo más evidentes los fragmentos inventados y perjudicando la verosimilitud.

La tercera y última parte, las más cercana en el tiempo, cuenta el enfrentamiento de Lee Sedol, gran maestro de Go, con el programa de inteligencia artificial AlphaGo en 2016. Es una narración excepcional sobre la lucha entre el hombre y la máquina. La manera en que el autor cuenta la biografía de los dos principales implicados, así como las cinco partidas de Go es muy fluida, y más cercana que los capítulos de Un verdor terrible, quizá porque las últimas páginas de la sección dedicada a Von Neumann nos preparaban para ello. Con todo, el libro termina exactamente como debe, en el linde del abismo, de ese Brave New World al que la tecnología nos ha traído, y más allá de la cual resulta difícil proyectarnos como individuos y como especie.

Construir un estilo

Labatut tiene un buen olfato para las historias y sabe contarlas. Es fácil trazar una semejanza en el tratamiento sobre la parte de Von Neumann con Los detectives salvajes, del también chileno Roberto Bolaño, pero Labatut tiene más similitudes con el alemán W.G. Sebald, al jugar con un estilo bastardo entre el ensayo, el testimonio, la biografía y la ficción, si bien Labatut introduce la ficción de manera más evidente. En su fondo también se puede encontrar algo del norteamericano H. P. Lovecraft, un eco del horror y de cómo el individuo se enfrenta lo incognoscible.

Tanto Un verdor terrible como MANIAC resultan fáciles de leer, son capaces de abordar temas complejos de manera muy interesante, y permiten descubrir hechos científicos a los que de otra manera la mayor parte de lectores no se acercaría. Salta a la vista que ambos son textos muy trabajados, pero se nota cierta constricción, como si el escritor se frenara para no alejarse demasiado de los hechos que cuenta. Esto contrasta especialmente con el interés por lo místico que el propio Labatut ha mencionado en varias entrevistas, donde ha destacado la importancia de las vivencias esotéricas o los raptos espirituales para afrontar la labor creativa. Es posible que el trabajo de edición posterior a la escritura haya podido contener esa inclinación, pero en ocasiones también lo lleva a lugares comunes.

Aún con sus diferencias, no resulta muy arriesgado afirmar que estos dos libros forman un todo. Al finalizar su lectura, al llegar de la mano del autor a ese límite de la ciencia más allá del cual no es posible saber qué hay, el lector no puede evitar sentir curiosidad por descubrir un poco más, seguramente es la misma curiosidad que empujó a muchos de los científicos retratados en las páginas. ¿Qué vendrá después? La experiencia nos dice, que cuando uno llega ante el abismo tiene dos opciones: darse la vuelta o saltar. ¿Y Labatut?

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