Entrevista con Sabrosón: “Hace falta jugar a la irreverencia”      

sabroson

Foto: Sabrosón

Revista Pasajes entrevistó a los editores de Sabrosón, el audaz fanzine latino de Belleville, que en su número cero le declaró la guerra a la solemnidad literaria, y que promete aún mayores dosis de bellaqueo, además de un club de lectura en su nueva etapa.

Por Daniel Salinas Contador y Borja Rivero

Un nuevo fanzine literario hizo su aparición en París hace dos años, en septiembre de 2022. Un memorable póster lo anunció con bombos y platillos: SABROSÓN, FANZINE LATINO DE BELLEVILLE, TE CONVOCA. Se trataba de un llamado a contribuciones para el primer número impreso. Aceptaban de todo: cuento, poesía, crítica de arte, ilustración y bande dessinée… “Miren lo que logramos con una convocatoria abierta a cualquier cosa”, escribirían después, en la página editorial del primer número, o “número cero”. En el centro del póster, una imagen expresaba bien la estética carnavalesca, popular y hasta freak del recién nacido fanzine: en colores fosforescentes y saturados al máximo se ve a Delfín Quishpe, vestido de camisa blanca y sombrero, sonriendo como si no estuviera en la cárcel, y paseándose por la rue de Belleville, frente al bar Aux Folies, con un brazo en alto para celebrar el nacimiento de Sabrosón.

El lector recordará seguramente el videoclip de “Las torres gemelas”, la tecno-cumbia bizarra con la que Delfín Hasta el Fin saltó a la fama en el 2011. Menos conocido es que el cantante ecuatoriano realizó, además, por esa misma época, una serie de cinco comerciales promocionando una marca de aceite llamado Sabrosón. “Queríamos meter como fuese a Delfín Quishpe, a la Tigresa del Oriente, todo este mundillo camp, ese universo que a nosotros nos fascina”, dice Chepe Guerra, uno de los editores. “Vienen de un lugar muy popular, de ahí de los Andes, pero es música y personajes a los que todo el mundo les tiene cariño, seas rico o pobre, vivas en Ecuador, Perú, Guatemala, México o aquí en París, son personajes que federan, que unen, porque toda la gente se acuerda del clip de Israel, Israel en tus tierras bailaré, y es algo que en nuestra generación ya se quedó impregnado y va más allá de la música o de la estética de los videos… ya es como una joda, pues, y ese es también el objetivo de nosotros, ser serios pero al mismo tiempo es una joda“. “Costumbrismo-camp”, precisa Rodrigo Yllaric, otro de los editores, y agrega: “Esa movida camp sudamericana es una producción suficientemente original. En un continente donde producciones originales, en su fase republicana, hay pocas. Es un continente mimético, digamos. Entonces una producción original, por más bizarra que sea, llama la atención”. Chepe y Rodrigo observan que es un movimiento artístico que ha sido ninguneado por el mundo literario. “Si ves otras publicaciones que se están haciendo aquí en París o vas a España, casi nadie habla de esta originalidad que tienen estos artistas andinos. Casi siempre hacen entrevistas a la vigésima, trigésima, milésima banda de indie rock, a la última cantante cool, y vos te preguntás, ¿qué novedad nos va a traer esto? Por eso, en el número que va a salir, sobre reguetón y música popular, nosotros tratamos de darles título de nobleza, aunque suene pretencioso decirlo así. Ya se ha hablado lo que se tenía que hablar sobre los Beatles, o Bob Dylan, de todos estos artistas pop, pero nadie te habla de Daddy Yankee o alguien más”.

Cuando les preguntamos cuánto tiempo les había tomado llegar a este nombre para la revista, la respuesta fue inmediata: “¡Dos cervezas!”. “Queríamos buscar un título que refleje la identidad irreverente de la revista. El nombre funcionó porque nos agrupaba suficientemente como colectivo”, comenta Rodrigo. Chepe profundiza: “Es un dicho que funciona desde el cono sur hasta México, uno dice sabrosón y se entiende perfectamente. Los franceses lo traducen como goûteux y no lo entienden, se quedan así como… ah, bueno, eso sí es algo de ustedes”.

No se les pasa de largo que el nombre del fanzine evoca clichés o estereotipos europeos sobre Latinoamérica; en especial la imagen de los latinos como gozadores, borrachos, mujeriegos, bailarines, etc. “Es un arma de doble filo”, dicen. “Eso está en Sabrosón, pero no porque creamos que esa es la identidad latina que hay que representar, sino porque queremos equilibrar la solemnidad desbocada en todo lo que concierne a la literatura, queremos equilibrar esa solemnidad con su antítesis”. Plantean que esto es un problema especialmente agudo en París, donde la distinción social, dónde estudiaste o los buenos modales siguen siendo opresivos. “Aquí todo es como si se tuviera una estaca en el culo. El escritor se presenta como una persona metódica, seria y responsable… Se esconde el lado más caótico y cercano al proceso de escritura mismo. Porque a la hora de la verdad, el escritor está en pantuflas, frente a su computadora y llorando con un vaso de leche chocolatada, pensando en lo que le decía su mamá, para sacar algo bueno frente a la hoja en blanco, ¿no?… Por favor, no me psicoanalicen por lo que acabo de decir”, comenta Chepe o Rodrigo –adivinen quién.

Foto: Sabrosón

Armemos un fanzine

Los miembros fundadores de Sabrosón —un guatemalteco (Chepe), un peruano (Rodrigo) y un argentino (Alan Tenembaum)— se conocieron en el taller literario que Edgardo Scott ofrecía en Cariño, la librería bilingüe que funcionó entre septiembre de 2019 y junio del 2023 en la rue du Chalet, en el corazón de Belleville. Después de las sesiones del taller, los futuros creadores de Sabrosón, junto a otros integrantes del taller, solían continuar la conversa en los bares y boliches del barrio. Fue así como un día, entre broma y broma, se les ocurrió hacer un pasquín literario. En las palabras de Chepe: “Me acuerdo del momento fundador mítico, una heroica noche, un viernes, estábamos en el Culture Rapide, después del taller, yo los acababa de conocer, era mi primera semana en el taller, y ya un poco un poco tomados, si no fue Rodrigo fue Alan el que dijo, oye, ¿armemos un fanzine? OK, dije yo, y a partir de entonces ya empezamos a ver qué podíamos hacer”. Rodrigo, por su parte, lo pone así: “Nació en el marco del taller de escritura con la idea de ser un canalizador rápido de la presentación de nuestros textos hacia el público, es decir, agilizar la publicación, no aumentar la presión o el esfuerzo sobre el proceso editorial, sentíamos una premura por dar a conocer los textos que entre nosotros ya existían”.

Desde un principio decidieron hacer el fanzine en papel, pese a las dificultades y costos que esto involucra. “Las publicaciones en papel están o estaban en decadencia, esto parece casi una inclinación nostálgica, por no decir retrógrada o reaccionaria, ¿no? Imprimir un fanzine, hoy, no es algo que se haga así no más. Es caro, algunos dirían incluso que es antiecológico, y sobre todo hay alternativas mucho más prácticas, por ejemplo, la web”, dice Rodrigo. Pero, al mismo tiempo, destacan el placer asociado a dar forma, con sus propias manos, a un objeto único, y a la calidez del lazo presencial que se genera con los lectores en torno al fanzine impreso. Dice Chepe: “Nosotros pasamos horas, aquí en esta mesa, doblando, cortando, pegando, cosiendo y todo. Y cuando la gente recibía su ejemplar, decían… ¡guau!”. Lo ven, además, como una forma de llevarle la contra a la cultura dominante: “Es anti-utilitarista. Con el precio al que se vende no ganamos nada, pero tampoco nunca esperamos ganar algo. La lógica es distinta. Ahora que todo es digital, todo es imagen, todo es Instagram, TikTok y todo el rollo, esto es como una resistencia a la rapidez con la cual se mueve el mundo”. Y una cosa más: “También es una lucha contra esto de que todo tiene que estar bien hecho y ser perfecto”. Chepe toma un ejemplar de la revista y nos muestra: “Este es el primero que hicimos y, si te das cuenta, los bordes están culeros, pues. Está todo mal cortado, unos experimentos que traté de hacer con los números de las páginas no funcionaron, pero eso es lo bonito, y es parte de la idea. Al verlo, la gente siempre nos decía que en la imperfección hay belleza”.

Así, en noviembre de 2023 apareció el número cero de la revista con ocasión del SoBD (salón de la bande dessinée de París), donde el equipo de Sabrosón montó un stand. Pero llegó el día del evento y los ejemplares no estaban listos: “Tuvimos que improvisar con Rodrigo lo que era coser los cuadernitos, cómo vamos a pegar la portada… Y eso lo hicimos en… ¿qué? En una noche. Varias horas estuvimos aquí y al final nos salió bello. Aprendimos muy rápido.” La tirada inicial fue de 50 ejemplares, aunque luego imprimieron otros 10. Para abaratar los costos de impresión, usaron en secreto la impresora de la oficina de uno de los integrantes del equipo. Rodrigo puntualiza que los vendieron “a precio libre porque había ejemplares fallados.” Esto sirvió para recuperar el costo del papel. Sin embargo, la experiencia, tal como Chepe lo recuerda, fue buena: “Estábamos en nuestro stand abriendo hoyos, cosiendo, doblando y la gente se nos acercaba…   y aunque no leyeran en español, nos daban unas moneditas y se iban con su ejemplar”. Muchas personas les han seguido pidiendo ejemplares del número cero, pero ya no quedan copias disponibles.

Tras la salida de Alan del proyecto, en diciembre de 2023 se incorporó al equipo la mexicana Idalia López. “Yo me dedicaba pues…”, cuenta Idalia, “a recorrer desiertos, montañas, cruzar ríos, buscando bandita literaria, pero no encontraba, hasta que un día me tuve que detener a descansar y tomar algo. Toqué y ya me abrieron, afortunadamente. Así, pidiendo posada. Con una cervecita y todo”. Rodrigo se ríe y explica que se conocieron en una fiesta, justo después de sacar el número cero. Idalia continúa: «Me gustó mucho la idea que tenían, sobre todo la irreverencia, y un poco, pues, la desacralización de la academia, y ya, dije ay, yo les puedo ayudar”. En su época universitaria, Idalia fundó con otros amigos la revista Himen, de distribución libre, pero financiada por la universidad de Guadalajara. Esta experiencia marcó su visión sobre este tipo de proyectos: “Crear una revista es crear comunidad, y siento que aquí en Francia falta mucha comunidad”.

Los editores de Sabrosón (de izquierda a derecha: Chepe, Rodrigo e Idalia) / Foto: Borja Rivero

Alinear los planetas

Pasajes leyó con atención las treinta y cuatro páginas del número cero de Sabrosón. La impronta sabrosona es evidente y bienvenida en secciones como, por ejemplo, la página editorial, donde uno de los editores le dice al otro: “nadie va a entender la fumada que te mandaste con los títulos de cada sección”; o en la entrevista “Un peda con… Diego Trelles Paz”, en la que emborracharon al narrador peruano para que confesara lo que presumiblemente no habría dicho sobrio; o en la Necrológica Sicaria, donde anuncian la supuesta desaparición temprana de Edgardo Scott, quien en verdad sigue vivo y dictando talleres literarios en Paris.

Nos sorprendió, sin embargo, descubrir que los textos de poesía y prosa, casi sin excepción, tienen un registro estético más romántico, preciosista o dramático de lo que cabría esperar en este fanzine. Les preguntamos por qué y nos explicaron que son textos que no fueron escritos por los editores, sino contribuciones externas recibidas mediante la convocatoria abierta. Nos aclararon además que “nuestra apuesta es por la diversidad, no necesariamente por el tono humorístico. No todo tiene que ser humor, albures y chingadera. Son textos que cumplían con la calidad”. Al mismo tiempo, reconocen que la identidad y línea editorial del fanzine aún está en proceso de construcción. Tal y como Idalia puntualiza, uno de sus objetivos para el próximo número –el número uno– es “alinear los planetas para tener una unidad estética con diversidad”.

Con este objetivo, el equipo escribió un texto para la nueva convocatoria que explica mejor la temática y lo que se espera de las contribuciones para el dossier especial sobre “Bellaqueo”. En ese texto se lee: “Siente el flow reguetonero. (…) Así como Orfeo podía detener los arroyos y hacer que los árboles se inclinaran para escuchar su melodía, la música popular nos hechiza, nos posee, nos marca; es el Orfeo de todos y para todos”. La idea ha sido establecer “pasarelas” entre lo popular y lo culto. “La división es un poco artificial”, comenta Rodrigo, y se explaya: “Puede sonar raro poner a Orfeo junto a José José, pero eso es fruto de la institucionalidad más que de la cosa en sí. Detrás de todo el proyecto de Sabrosón está la idea de que no existe ese abismo, o querríamos que no existiera ese abismo entre lo que se puede llamar cultura popular y la cultura académica o institucional. La manifestación artística es sólo una. Después aparece la institucionalidad, la burguesía… hablé mucho, perdón”. “Se emocionó”, bromea Chepe, con una sonrisa cálida que nos hace sonreír a todos. El tema de la música popular se presta bien, concluyen, para “jugar a joder a los amargados. Basta pensar en Vargas Llosa, que critica la civilización del espectáculo, pero se casa con Preysler”.

Este próximo número supone una nueva etapa para Sabrosón. Por un lado, pretenden mejorar la distribución y establecer nuevas relaciones con los lectores para crear comunidad en torno al fanzine. Por otro lado, van a probar una nueva técnica de impresión, la risografía, con un papel de mejor calidad. Esto les permitirá imprimir más copias usando imágenes e ilustraciones de una mejor resolución. Una apuesta adicional es crear un dialogo interlingüístico: “en este número hay portugués, español y francés igual que en el anterior, y hemos incluido el inglés. Es un experimento que no sabemos si va a funcionar, pero que cabía hacer hoy por hoy, creo que es una de las apuestas más arriesgadas de Sabrosón.” Por último, nos adelantan en exclusiva una sorpresa: se viene un club de lectura.

Para estar atentos

Terminando la entrevista, les preguntamos si para escribir y armar proyectos literarios hace alguna diferencia estar en París, por comparación a hacerlo desde Latinoamérica. Rodrigo es categórico: “París es el pasado, no es el futuro”. Aunque matiza: “Reconozco, desde mi experiencia personal, la necesidad de, como dicen los franceses, se dépayser, de alejarse un poco para tomar perspectiva. Eso sí lo reconozco, pero eso se puede hacer en cualquier lugar. Yo no sacralizaría a París, de hecho, a veces me da ganas de regresar”. A Idalia, por su parte, le parece que en América Latina es más común asociarse con pares similares a uno, mientras que en Paris es más fácil encontrarse con personas diferentes: “Siento que en París lo que cambia es que encuentras bandita de pares con diferentes voces, diferentes perspectivas, diferentes contextos, eso es muy cool”. Para Chepe, París es un lugar donde encontrar personas con ganas de hacer cosas nuevas con la literatura, algo que no encontró en su Centroamérica natal: “Allá son casi siempre las élites, que son más refractarias y tienen una visión arcaica de la literatura”.

Antes de despedirnos, les pedimos recomendaciones para los lectores de Pasajes, y no se quedaron cortos ni en número ni en diversidad geográfica. Anoten: El espía del Inca, del peruano Rafael Dumett; El invencible verano de Liliana, de la mexicana Cristina Rivera Garza; Tarántula, del guatemalteco Eduardo Halfon; Teoría de la prosa, del argentino Ricardo Piglia; Nombres y animales, de la dominicana Rita Indiana; Canto yo y la montaña baila, de la catalana Irene Sola; Karma de vivir al norte, del mexicano Carlos Velásquez; Orfeo Negro, la película del francés Marcel Camus filmada en Brasil; y, para terminar, la nueva temporada de la telenovela colombiana Betty la fea (“el Chavo del 8 contemporáneo”).

Al lector curioso y aficionado a los chismes le interesará saber que los creadores de Pasajes se conocieron, al igual que los de Sabrosón, en el taller de Scott, y más o menos al mismo tiempo. Al principio hubo bromas cruzadas entre ambas revistas: los canallas de Sabrosón se referían a Pasajes como Pajazos, mientras que los chanchos burgueses de Pasajes le pusieron Salchichón al fanzine de sus amigos. La tensión llegó a un punto máximo cuando se supo que una de las integrantes de Pasajes escribiría el horóscopo del número cero de Sabrosón (donde escribió: “Libra: atrévete a hacer lo que tú quieras”). Cómo es que todo este enredo tuvo un final feliz es una historia que dejaremos para otra oportunidad.

Sabrosón prepara su nuevo número para noviembre de este mismo año. Pueden seguirles en sus redes, principalmente en Instagram para estar atentos a todas las novedades.

Los comentarios están cerrados.

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑