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Un paseo por la Biblioteca Richelieu
Por Pedro González
La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París innovó respecto a la forma habitual de hacerse, pues en vez de realizarla al interior de un Estadio, se utilizó la ciudad de París como un gran teatro donde se sucederían una serie de secuencias de baile, canto y espectáculo. Al mismo tiempo las diferentes delegaciones llegaron desfilando en barcos sobre el río al escenario principal ubicado en las inmediaciones de la Torre Eiffel.
El espectáculo, concebido principalmente para verse en televisión, contiene algunos pasajes que hacen alusión a la historia de París y a sus valores impresos en el lema de la Constitución francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Luego de la presentación de la banda de metal Gojira junto a la cantante lírica Marina Viotti, la cámara muestra una imagen de saltimbanquis ya muy cerca del Palacio del Louvre.
Una de esas imágenes, ya grabadas previamente para ser transmitidas en televisión, es la escena de dos chicos y una chica corriendo por las calles de París, seduciéndose con las miradas, pero también con los libros que se dejan entrever.
Así vemos, por ejemplo, “Passion Simple” de Annie Ernaux o el ensayo “Sexe et Mensonge” de Leila Slimani, que trata la manera en la que se aborda la sexualidad en Marruecos como un asunto de interés público y el doble estándar que eso supone, lo que da cuenta de un cierto mensaje en la elección de los textos. La escena culmina con los tres subiendo por los pasillos de la Sala Oval, dentro del edificio que alberga la Biblioteca Richelieu, edificio que se encuentra a pasos del Palais Royal, en el segundo distrito de París.
La idea de los organizadores era hacer una alegoría de los tres personajes principales de la película «Jules et Jim» (1962) de François Truffaut, historia adaptada de la novela homónima escrita por Henri Pierre Rocher publicada en 1953.
Tanto la novela como la película cuentan la historia de dos amigos: Jules, un joven intelectual parisino y Jim, un joven poeta alemán. Jim conoce a una chica de la que se enamora profundamente. Su nombre es Kathe. Por su parte, Jules no puede dejar de sentir una atracción por ella. Jim se casa con Kathe y la Primera Guerra Mundial separa a estos dos amigos. La postguerra no solamente marca el reencuentro entre Jules et Jim, sino un romance entre Jules y Kathe con el beneplácito de Jim. Se conforma entonces un triángulo amoroso que transcurre en las calles de París de principios del siglo XX.

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Esta vez, este trío o “trouple”, que aparece en la ceremonia de inauguración, establece una mirada mucho más fluida de la sexualidad y del género, queriendo hacer énfasis en un mensaje de libertad y tolerancia en la sociedad francesa.
Motivado por las imágenes que me dejó la escena de estos tres personajes corriendo al interior de la Sala Oval, decido visitar este espacio abierto hace dos años.
La sala, circundada por estanterías hasta el techo, da cuenta de la estética de un edificio histórico y muy importante en la historia de Francia. En su interior, los lectores tienen acceso libre a diferentes colecciones ordenadas por categorías tales como artes del espectáculo, mapas y planos, estampados y fotografías, manuscritos y música.
Desde el año 1935 hasta el año 2016, esta sala estaba destinada a la consulta de periódicos, espacio que actualmente se encuentra disponible en el edificio de la Biblioteca Nacional de Francia en el distrito 13 de París.
El acceso se hace desde la rue Vivienne, conocida porque se encuentra al frente de la entrada de una de las primeras galerías comerciales de fines del siglo XIX. Como en muchos edificios públicos, debe pasarse por un detector de metales con el fin de prevenir atentados al interior.
En la recepción, se pueden comprar los billetes para acceder al museo de la biblioteca Richelieu, que muestra todo el resto de lo que era la Maison Mazarin y la historia de como poco a poco se fue utilizando el edificio para albergar la biblioteca Real y convertirse en la Biblioteca Richelieu, con la ampliación del edificio por orden de Napoléon III a mediados del siglo XIX.
Al entrar, me sorprende su impresionante techumbre y comprendo por qué se llama Sala Oval, pues se encuentra coronada por un enorme vitral de forma ovalada que la dota de una gran luminosidad. Diseñada por el arquitecto Jean-Louis y su sucesor Alfred Recoura, la sala tiene una altura de dieciocho metros y tal como lo señala una de las referencias que coloca la biblioteca “se pueden consultar cómics, obras dedicadas a los temas de las colecciones del sitio Richelieu, así como un fondo de referencias compuesto por diccionarios, textos literarios e incluso obras sobre historia, religión, etcétera”.
En la misma sala es posible encontrar también diferentes recursos multimedia, tales como videojuegos online, arte digital y terminales sonoros.
Cuando entré, a eso del mediodía, se encontraba repleta e incluso había gente esperando de pie a que algún asiento se desocupara. A pesar de lo lleno, el silencio invita al trabajo y a la concentración. Noto que la mayoría hace teletrabajo, tendencia que después del Covid implica una mayor demanda de estos espacios adaptados para conectar un ordenador portátil.
El hecho de que haya un acceso directo a juegos de videos o libros de música y cómics hace que el público sea variopinto, pasando de señores jubilados a universitarios que hacen alguna investigación.
Recorriendo las estanterías de la planta baja (lamentablemente no se puede acceder a los estantes ubicados en los pisos superiores donde los personajes de la ceremonia de inauguración corren persiguiéndose), puedo encontrar ejemplares de la Enciclopedia Universal Ilustrada, hojeando la última edición del año 2002, disfrutando ese olor particular a enciclopedia y esa nostalgia de buscar algún dato sobre algún país desconocido con el fin de terminar alguna tarea de ciencias sociales, en una época en la que Google no nos hacía el trabajo tan fácil.
Posteriormente, hago uso de alguno de los recursos interactivos y le compito a un niño de cinco años en un juego en el que hay que cliquear aquellos animales denominados “animales marinos”.
Después de haberle ganado sin que él tuviese conciencia de que estaba jugando conmigo, camino por la sección de cómics o Bande Dessiné como dicen en francés.
Encuentro por ejemplo Sapiens de Yuval Noah Harari en versión cómic con Vandermeulen y Casanave, así como interesantes libros de fotografías, y al otro lado de la sala, las obras completas de escritores franceses como Maupassant o Balzac, editados por la editorial Gallimard en la colección denominada Biblioteca la Pléiade.
Luego de esperar un buen rato, puedo sentarme en una de las mesas dispuestas al medio de la Sala y me siento un rato a disfrutar de la lectura de un libro sobre la historia del jazz, no sin antes notar cómo una chica y un chico intercambiaban miradas frente a frente, en forma sutil.
Tratando de no quedar en evidencia, vuelvo a retomar la lectura de mi libro, sin dejar de pensar en Jules et Jim y el amor compartido hacia Kathe.
Claro, faltaría un tercero… o una tercera. Cosas que pasan en una biblioteca en París.
(1) https://www.culture31.com/2024/07/15/jules-et-jim-de-francois-truffaut/

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