Una noche luminosa

Una reseña del libro Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan

Por Daniela Sías

En Nada se opone a la noche (Anagrama, 2014) las fronteras no existen. Entre ficción y no ficción, entre géneros, el texto avanza sin limitarse. ¿En qué momento el libro deja de ser una biografía de la madre para ser una autobiografía? ¿En qué momento se transforma en ensayo sobre los lazos entre la vida y la escritura? No se sabe, y  quizás sea mejor así. Esa indefinición es una de las fuerzas de este libro.

 En las primeras líneas, Vigan da la bienvenida al lector relatando el momento en que encontró el cuerpo sin vida de su madre, Lucile. La habitación apesta, las manos están azules, y la autora no entiende cómo pudo tardar tanto en darse cuenta de que, en realidad, la madre no estaba dormida. Este es el suceso fundante del libro, nos dice, y de su voluntad de escribir sobre su madre. Aunque esa voluntad, probablemente, ya existía, sin haber sido formulada. La enfermedad de Lucile también fue fundante de la escritura de Delphine: “El origen de la escritura se sitúa ahí, lo sé de manera confusa, en esas pocas horas que hicieron bascular nuestras vidas, en los días que las precedieron y en el tiempo de aislamiento que siguió”1.

En un libro anterior, Días sin hambre (Anagrama, 2013), la madre ya estaba presente, camuflada como personaje secundario. En esa novela, publicada por primera vez bajo un seudónimo, Vigan ya jugaba con los límites entre ficción y no ficción, contando novelada su propia experiencia con la anorexia. Más tarde, cuando publicó Basada en hechos reales (Anagrama, 2023), continuó el juego, utilizando el éxito de Nada se opone a la noche y la desaprobación de algunos familiares como parte de una historia ficticia. Esta fluidez entre real y no real y entre géneros se extiende hasta abarcar distintos libros, tejiendo conexiones como telas de arañas, que suman una nueva capa de incógnita. A lo mejor, la enfermedad mental de la madre y sus delirios, forjaron en la autora la posibilidad (o la tendencia) de oscilar entre lo real y lo no real sin dificultad.

Algunos párrafos después de narrar el hallazgo del cuerpo, Vigan menciona las circunstancias particulares de la muerte de su madre. Es también una forma de decir que no habrá golpes bajos, las cartas están sobre la mesa. La escritora se convierte en detective o, mejor, arqueóloga, decidida a encontrar la génesis (“el drama inaugural” lo llama ella) que permita comprender, si es que eso es posible, o, al menos, identificar los primeros signos de la enfermedad. Dice Vigan sobre los impulsos de este libro: “Sin duda, quería hacerle un homenaje a Lucile, ofrecerle un féretro de papel (porque, de todos, me parecen los más bellos) y un destino de personaje. Pero sé también que a través de la escritura busco el origen de su sufrimiento, como si existiera un momento preciso en el que el núcleo de su persona fue dañado de manera definitiva e irreparable, y no puedo ignorar que esta búsqueda, no sólo es difícil, sino también, en vano”. A través de entrevistas con los hermanos y hermanas de la madre y otros familiares y amigos, de escritos, grabaciones, artículos de prensa, fotos y demás, la autora construye un retrato de Lucile y, al mismo tiempo, de toda la familia. “Una familia de novela”, decían los conocidos de la familia refiriéndose a la pareja un poco excéntrica de Liane y Georges (los abuelos) y su rebaño de hijos e hijas (nueve, en total)2. El comentario, no lo sabían, era premonitorio.

Junto a la niña Lucile, aparece la niña Delphine: “Mi madre era una adulta, mi madre había leído mucho y sabía muchísimas cosas, mi madre era sabia, ¿cómo podía imaginar que mi madre pudiera decir cosas sin sentido? Yo tenía trece años, avanzaba con paso indeciso hacia los autos estacionados en fila, desgarrada entre el respeto de su palabra y el despertar de mi propia conciencia”. Delphine aprendió a desconfiar y, a veces, deseó que el delirio fuera realidad, porque es menos aterrador lo paranormal que la locura de una madre.

La enfermedad mental, su misterio, la incomprensión y los sufrimientos únicos que provoca, habitan el libro. Frente al terror, sin embargo, Lucile se levanta y camina, Delphine y su hermana, también. “La vida en nosotras había resistido”, dice Vigan, y por eso, a pesar del dolor, estas páginas son tan luminosas.

  1. Las citas incluídas en esta nota fueron traducidas del francés por la autora. ↩︎
  2. Entrevista con Delphine de Vigan en el podcast Bookmakers de Arte Radio ↩︎

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