Foto : Romina Hendlin
La escritora mexicana Mayte López conversó con Revista Pasajes sobre migración y literatura, a partir de su novela Sensación térmica.
La novela Sensación térmica (Libros del Asteroide, 2021) de Mayte López cuenta la historia de Lucía, una estudiante doctoral mexicana becada en Nueva York. Ella comparte departamento con otra mexicana, lucha contra plagas de ratones e intenta disfrutar de la ciudad mientras aprende a descifrar los códigos estadounidenses. En la escuela se encuentra con Julia, una estudiante colombiana que tiene un romance con un profesor invitado. A través de la relación de Julia con el profesor, Lucía revive el matrimonio tormentoso de sus padres y su infancia en México.
Sensación térmica habla de la violencia de género. Tema del que te preguntan en todas las entrevistas, pero, ¿es también una novela de migración?
Sí, el tema principal es la violencia de género y el tema de la migración pasa a segundo plano, pero no es menos importante. Sensación térmica es muchas cosas, pero es sobre todo una historia de vulnerabilidades. Estos personajes femeninos están fuera de su entorno, en una ciudad que es extraña y hasta hostil. Por eso, el elemento del invierno que las ataca. Como dice el narrador, la ciudad es cabrona; pero tanto más si eres migrante. Los personajes son parte de una migración privilegiada: alguien que se fue a estudiar, habla el idioma, tiene una beca, visas de estudiante. Pero también son triplemente vulnerables: por ser migrantes, por ser mujeres y por ser latinas. Su condición las convierte en un blanco más fácil para el abuso y, por eso, la amistad es una tabla de salvación o de construcción de una nueva familia o un nuevo espacio seguro en una ciudad que les resulta amenazante.
Al migrar uno descubre cosas del nuevo país, pero también se da cuenta de cosas de su país de origen. ¿Sensación térmica es una lectura del machismo latinoamericano visto desde afuera, de alguien que salió?
No, no. La intención de la novela era que fuera una lectura del machismo y no del machismo latinoamericano exclusivamente.
El personaje del profesor es mexicano.
Sí, quería un personaje que fuera siniestro, lo cual implica, algo familiar que ataca. El personaje del profesor, por un lado es latino como ellas, es el espacio seguro. Por otro, es el profesor mexicano que una universidad de primer mundo invita a dar cátedra. Él pertenece a la élite intelectual mexicana, pero con el respaldo de una universidad estadounidense. Hay otros personajes que no son latinos y que también son machos.
A lo largo de tu novela vemos como leitmotiv las letras de canciones en español, que se intercalan con la narración; son todas cantadas por hombres que hablan de mujeres. También vemos otros referentes a la cultura pop mexicana, como las telenovelas, ¿cuál es la intencionalidad de estos ingredientes en la novela?
Hay una crítica a todos estos objetos culturales, como las canciones rancheras, las telenovelas o las leyendas que forman parte de nuestra educación sentimental. Cualquier mexicano conoce estas canciones y son parte de su banda sonora. Una sociedad machista iba a tener productos culturales machistas. Estos productos culturales muestran una idea del amor, que se reproduce porque es lo que aprendemos desde niños.
He oído mucho que se habla de Sensación térmica como una novela de amistad. Los amigos se vuelven la familia en la migración. Tenemos al personaje de Alma, la mexicana asimilada.
Alma es el personaje asimilado, pero desde el borde. Es el personaje que sabe estar en el límite de lo legal, y cómo moverse en esos códigos de lo que se puede y no se puede hacer.
La asimilación consiste en conocer las normas y no romperlas, sino saber doblarlas desde la picardía. Por eso es una figura protectora, un ancla para Lucía, aunque no conocemos su pasado.
La asimilación no se refiere a quién se vuelve más local, sino a quién sabe adaptarse y sobrevivir mejor en este nuevo espacio. Nueva York es el espacio principal de la narración, pero no es el Nueva York de las películas.
Los personajes son complejos, no son maniqueos.
Todos podemos ser víctimas, pero todos podemos también ser verdugos en algún momento.
La novela está tejida más en los detalles que en los grandes gestos por parte de los personajes. Por ejemplo, el personaje que no tira la cadena en el baño.
Sí, es escatológico, puede ser sumamente violento, pero se muestra como un descuido. Es mostrar todos los abusos que ocurren en la intimidad que no sabemos. En todos estos pequeños gestos que pasan a puerta cerrada y pasan adentro de la casa que desde fuera no vemos y forman parte una relación íntima o una relación de pareja y que pueden ser profundamente violentos, aunque en apariencia no lo sean.
Pero yo lo veo como un símbolo de poder entre los personajes.
Por supuesto, pero también puede ser un accidente, un “se me olvidó”. Que en realidad es: lo olvido porque tú me vales madres. Es en sutilezas.
El tema de la extranjería. No veo una intención de los personajes por tratar de asimilarse.
No geográficamente.
¿Cómo es escribir desde Nueva York? Escritura desde el exilio, desde afuera.
Yo escribo desde mi escritorio, aunque esté en Cuernavaca. No lo pensé como tema central de la novela. Resulta que los personajes están en Nueva York, porque quería mostrar el machismo que ocurre en varios lados. No podría considerarme una escritora exiliada. Exiliados, mis abuelos que huyeron de la guerra civil, no yo que llegué con mis papeles y mis maletas. Es un tipo de migración privilegiada, no un exilio involuntario.
Estoy escribiendo desde afuera porque estoy afuera, pero no es mi tema. Inevitablemente, las circunstancias de vida de cualquiera lo atraviesan y éstas se ven en la escritura. Sí hay cuestiones en mi vida que tienen que ver con el hecho de haberme ido hace diez años de mi país, de ser mexicana en Estados Unidos y aparecen de forma circunstancial, pero no creo que eso defina mi escritura.
¿Cuál es la voz que le querías dar a la novela? ¿Querías que hubiera una voz mexicana?
Siempre me ha interesado la oralidad y me gusta reproducirlo en mi literatura. Claro, al ser mis personajes en su mayoría mexicanos, ésa es la forma de hablar que más vemos. Y en menor medida con los personajes colombianos y gringos. No había una intención de voz mexicana, sino, de reproducir tipos de oralidad. Creo que hace la lectura más ágil y más cercana.
Leí comentarios que decían que la novela no se entendía porque tenía muchos mexicanismos. Pero eso es lo interesante de la literatura: aprendemos cómo se dicen las cosas en otros países y la riqueza del lenguaje. La literatura no debería intentar estandarizar el español.
